¿Cómo ayudar a alguien cercano con misofonía?

Puede resultar muy frustrante tener a un ser querido: un hijo, amigo, padre, madre o pareja que sufre de misofonía y no saber qué hacer. Entiendo por lo que pueden estar pasando, ya que mis padres, mi hermano y mi pareja llevan muchos años pasando por esta situación conmigo. Por suerte, con los años todos hemos aprendido métodos de afrontamiento para que las relaciones no se deterioren. No es fácil, pero a día de hoy, con 35 años de vida de los cuales 23 llevo sufriendo misofonía, tanto mis seres queridos como yo podemos hacer una vida totalmente normal. Con unos pequeños matices, pero totalmente normal.

Hay algunos consejos que me gustaría compartir contigo para poder afrontar las situaciones difíciles que resultan de vivir con una persona con misofonía; ya que, a pesar de ser yo el que tiene el trastorno, me puedo poner perfectamente en la situación de los que viven conmigo.

Después de esta pequeña premisa, el primer consejo sobre el que me gustaría hablaros y que, tanto a mí como a mis allegados, nos ha cambiado la vida para bien, es el siguiente:

Mucha comprensión y que fluya la información entre el afectado y la familia o seres queridos.

Tienes que entender, como sea, que él no tiene la culpa. Cuando tu hijo, marido, pareja o cualquier allegado que esté en tu vida y tenga misofonía te grite por hacer un ruido, se cabree contigo, se marche furioso, se ponga ansioso o te eche miradas que parece que van a escupir fuego, tienes que entender que no él no tiene la culpa ni quiere hacerlo.

Según se sabe de la misofonía, una parte del cerebro de los que sufrimos este trastorno, más concretamente la amígdala, nos hace interpretar un ruido que es totalmente normal, como algo muy peligroso.

Para el que no sufre de misofonía, un estornudo o un ruido al comer pasa desapercibido, la persona con misofonía reacciona a ese sonido de forma agresiva, con rabia, ira, miedo y ansiedad extrema. ¡Pero no lo hace él! Lo hace su amígdala. Al escuchar el ruido o sonido desencadenante, le dice al cerebro: ¡Huye, corre, pelea, escapa! Porque lo interpreta como una señal de peligro. Y creedme: no se pude controlar. Es como pedir a un ciego que vea. Así de sencillo. No podemos controlar esa reacción.

Al menos de momento, hasta que descubran una terapia, tratamiento, medicamento o cura para la misofonía, que nos haga controlar esas reacciones, no podemos controlarlo nosotros mismos. Es como decirle a un amputado de piernas: ¡Camina! No puede y no es culpa suya. Nunca te cabrearías con una persona amputada de piernas porque no te haga caso cuando le dices que camine, ¿verdad? Entonces no te cabrees con un misofónico cuando no pueda controlar sus reacciones; entiende que no es culpa suya.

Por ello destaco que tiene que haber comprensión por una parte, para comprender que el afectado no tiene la culpa, que es una parte de él que le hace ser así, sin que pueda hacer nada o muy poco, y por otro lado, tiene que haber buena comunicación, para que el afectado nos exponga cómo se encuentra, qué podemos hacer para ayudarlo, qué ruidos son los más desencadenantes, y cualquier información que quiera darnos. La información que nos dé y la comprensión por nuestra parte, hará la conviviencia mucho más sencilla. Para todos.

La comunicación con nuestro ser querido que sufre de misofonía es vital para una buena convivencia. Él, como decía antes, nos hará saber cómo podemos ayudarle. Y solo lo puede hacer él. Por mucho que pensemos que esto o lo otro puede ayudarle, solo él sabe lo que le beneficia.

No sirve de nada decirle cosas como: “Tranquilo ya pasará” o “Relájate” o “Tienes que acostumbrarte a ese ruido”, cuando escuche un sonido que le provoque un episodio. Sencillamente no funciona. Él sabe lo que funciona. Puede ser que necesite taparse los oídos, ponerse tapones, auriculares o simplemente irse. Pero si no hay comunicación ni comprensión, no sabremos cómo poder ayudarlo.

Con el paso de los años, todos los que sufrimos de misofonía creamos métodos de afrontamiento para poder sobrellevar esos ruidos y momentos difíciles cuando nos enfrentamos a un ruido. Y eso es vital que se lo podamos comunicar a la familia y amigos. Si no hay comunicación y no nos hacemos entender o, no quieren entendernos, el trastorno puede empeorar.

Para ponerte un ejemplo:

Cuando era pequeño y empecé a sufrir de misofonía, no soportaba comer con mi padre en la mesa. Se me hacía imposible cada noche. Yo se lo decía a mis padres, pero ellos simplemente me decían cosas como que no hiciera caso del ruido o que pensara en otra cosa. No funcionó en absoluto, sino todo lo contrario. Al obligarme a comer con ellos todas las noches a pesar de que no soportaba el ruido, me hicieron sensibilizarme mucho más con los ruidos que hacía mi padre al comer. Con el paso de los años, esa sensibilización me ha hecho que me molesten todos los ruidos que hace cualquier persona al comer, sea mi padre o no, esté en mi casa o en un restaurante. No importa dónde, cuándo y con quién: me afectan siempre.

Cuando por fin se me diagnosticó misofonía, a mis padres les invadió una terrible culpa. Les entiendo y de verdad que no les culpo. Sencillamente sus actos eran fruto de la ignorancia y de una pobre comunicación y nada de comprensión por su parte. Son mis padres y les amo por encima de todo, siempre han sido buenos y cariñosos, pero al no entender lo que me pasaba y obligarme a soportar esos ruidos con frases como “no pasa nada” “no hagas caso del ruido” o “piensa en otra cosa”, inconscientemente, me sensibilizaron extremadamente con esos ruidos.

Con el paso los años sigo sin soportar esos ruidos, pero ahora, gracias a la compresión de mis padres, sencillamente me siento en la mesa con ellos con tapones y, si la situación me supera por cualquier motivo, entienden perfectamente que me levante de la mesa y me vaya; literalmente porque no puedo soportarlo. Por supuesto, ellos dejaron inmediatamente de hacer todo el ruido que podían evitar y así, puedo comer con mis padres “tan tranquilamente”.

Lo que quiero decir con esto, es que el ruido o la molestia que sentimos los misofónicos con el ruido, no se va a ir. Nunca se va; ni con el paso de los años. Probablemente empeore. Pero con una buena comunicación y comprensión, podemos crear situaciones normales en las que la convivencia no se ve afectada.

Resumiendo:

Entiende que no es culpa suya. Él es el que sufre a cada instante y desea mucho más que tú que deje de molestarle los ruidos.

La reacción al ruido nunca se va, ni con el paso de los años; pero hablando y con comprensión se pueden crear situaciones normales.

El segundo consejo más importante que puedo darte si tienes que convivir con alguien que sufre misofonía es el siguiente:

No te obsesiones por su seguridad.

No debes andar de puntillas o ahogarte a la hora de la comida por no hacer ningún ruido. Llevar la consideración por ese ser querido con misofonía al extremo es dejar que la misofonía que él sufre termine dominando tu vida.

Probablemente la misofonía ya domine o condicione su vida, no hay que dejar que también domine la tuya.

Por supuesto intenta ser considerado y comprensivo, pero no te obsesiones con lo que puedes hacer.

Hay que ayudar a que el afectado por los ruidos encuentre sus propios mecanismos de afrontamiento por él mismo. Si se lleva al extremo el cuidado, se vivirá en la convivencia una máxima tensión y situaciones de estrés y tu allegado con misofonía nunca encontrará métodos de afrontamiento para sobrellevar situaciones difíciles.

Actúa con naturalidad y lleva una vida normal intentando, dentro de lo posible, dentro de un marco razonable, ayudar a su allegado, pero sin obsesionarse. Únicamente haciendo pequeños cambios probablemente mejorarás su vida de una forma que no te imaginas.

Intenta cerrar la boca al comer o minimiza el ruido.

No hables con la boca llena.

Tápate la boca cuando vayas a toser.

Si tienes mocos, suénatelos y no andes todo el día con el típico snif snif.

En fin, son pequeñas cosas, que en realidad si vivimos en convivencia todos deberíamos hacer, que pueden ayudar de una forma inconmensurable a tu allegado que sufre misofonía.

Aún así, seguirán ocurriendo episodios desagradables, cuando ocurran, simplemente mantén la calma.

¿Qué ocurre durante un episodio? 

La misofonía provoca en el afectado un estrés tan extremo que éste no puede controlar sus reacciones. Se dispara el flujo de adrenalina. Se activa el sistema de huida y defensa. ¿Qué podemos hacer entonces? Sencillamente, como decía antes: mantener la calma y ayudarle a calmarse.

Los episodios que sufrimos los misofónicos, por lo general son muy, muy intensos, pero en el momento que dejamos de escuchar el ruido, sencillamente se acaban. Es decir, el episodio puede durar segundos. Es cierto que durante esos segundos sufrimos mucho y desencadenamos tanta energía y estrés que podríamos derretir una cuchara si la tuviéramos en la mano, pero en cuanto el ruido cesa, el episodio se acaba.

Aunque luego queda una terrible sensación que nos acompaña durante varias horas o días, ya no estamos furiosos o con ira en la mirada, simplemente estamos asustados porque nos damos cuenta de lo enfermos que estamos y lo que nos queda por sufrir.

En los momentos posteriores del ataque, lo que necesitamos es que nos traten como personas normales y no le den importancia a lo que acaba de ocurrir. Y debería ser así, pues nunca pasa nada más que una terrible rabieta llena de ira y de miedo contra nosotros mismos. Quizá podamos lanzar alguna mirada de odio o incluso llamar la atención de la persona que está provocando el ruido, pero no suele ir la cosa más allá.

Teniendo esto en cuenta, es mejor calmarse, pensar en el primer consejo: que él no quiere hacer eso, y sencillamente apoyarle. Si el afectado dice “por favor, vayámonos de aquí que voy a volverme loco”, simple y llanamente, vete con él o permítele irse sin recriminarle nada. Entiende que no puede soportar ese ruido y ayúdale a que se relaje. No hay que darle más importancia.

Básicamente esto es lo que puedo decir después de muchos años viviendo con misofonía y rodeado de gente que me entiende y me quiere.

Para mí, lo más importante, y creo que debe ser así para todos los que sufrimos esto, es que nuestros seres queridos entiendan que, si por ejemplo, nos ponemos los tapones en los oídos en una comida, lo comprendan y no le den importancia. Permitan a sus allegados que encuentren un mecanismo de afrontamiento y si su hijo, marido, pareja que sufre de misofonía le pide que si puede ponerse los auriculares o unos tapones para comer, se lo permita y no le dé más importancia; ya que si su allegado pudiera, no utilizaría esos auriculares, pero como ya he dicho en varias ocasiones, sencillamente NO PUEDE EVITARLO.

Probablemente algún miembro de tu familia o círculo de amigos incluso tú mismo lleves gafas. Y cuando les ves ponérselas para leer o para ver la tele no le das más importancia. Entiendes que sin gafas no ve y las necesita. Nosotros igual, necesitamos ciertos remedios, como tapones o auriculares, en determinadas ocasiones.

Espero de todo corazón que estos consejos puedan ayudarte tanto si sufres misofonía como si la sufre un ser querido al que conoces. Básicamente con comprensión y paciencia, se puede llevar una vida muy buena, rodeado de las personas con las que quieres estar. Y lo digo por propia experiencia.

¿Tienes alguna duda, sugerencia o quieres contar tu historia con la misofonía? Puedes hacerlo en el foro misofonía.

¿Crees que este artículo puede ayudar a alguien? Compártelo. Muchas gracias.

¿Dónde encontrar la última información sobre la misofonía?

Uno de los objetivos principales de este sitio es el de dar a conocer y apoyar los posibles estudios o cualquier investigación que se haga sobre la misofonía. Aunque ya hay algunos organismos estudiando e investigando, de momento todas las publicaciones fiables son de habla inglesa, lo que puede dificultar a muchos afectados de misofonía el acceder a dicha información. Esta fue una de las premisas principales por las que se creó este espacio: Para acercar y facilitar toda la información relevante sobre la misofonía a las personas de habla hispanoparlante.

Naturalmente, puede no gustarte esta forma de mantenerte informado y prefieras ir directamente a las fuentes para leer cuanto antes la información, bien porque prefieras comprobarlo por ti mismo,  porque el idioma no suponga ninguna barrera o porque quieras investigar por tu cuenta. Me parece estupendo y por ello vamos a ver en este artículo sitios donde puedes ver las últimas investigaciones publicadas acerca de la misofonía.

Google Académico.

En Google Académico, que es como el buscador de Google normal, podemos introducir el término de búsqueda que queramos, en este caso misofonía y el buscador nos devolverá unos resultados de búsqueda que contienen documentos, estudios, informes, PDF’s, etc.

Podremos obtener todos los estudios e investigaciones recientes y pasadas sobre misofonía. No encontraremos imágenes o memes o cualquier otra cosa que no sea documentación oficial ofrecida por los distintos organimos que estudien la misofonía. Ir a Google Académico.

Jurn.

Jurn es otro buscador, parecido a Google Académico, en el que podemos encontrar estudios, tesis, informes o cualquier investigación publicada acerca de la misofonía dentro del marco médico o científico. Ir a Jurn.

Si hay algún documento importante sobre la misofonía, tanto en Google Académico como en Jurn podremos encontrarlo; tanto los pasados así como las próximas investigaciones que se vayan a publicar.

Como decía antes, a pesar de haber dos potentes buscadores que contienen millones de documentos oficiales, en este blog siempre se enlazará hacia la fuente original e intentaré traer toda la información relevante sobre la misofonía.

Si quieres compartir tu experiencia, tus remedios, trucos para sobrellevar este trastorno o apoyarte en otras personas que están sufriendo, puedes entrar en el foro misofonía en español.

Tratamientos y terapias para la misofonía

Tratamientos y terapias para la misofonia

Debido a que la misofonía altera significativamente las vidas de las personas que sufren este trastorno, es de carácter imprescindible terminar por encontrar un tratamiento o una cura para la misofonía. A pesar de que no existe un tratamiento oficial, con estudios controlados que lo respalden, hay terapias y otros recursos que pueden ayudar, mejorar y aliviar los síntomas, y esos tratamientos para la misofonía son los que vamos a ver a continuación.

Antes de seguir, hay algo que es necesario destacar. Desgraciadamente, hay personas que se aprovechan de las demás intentando vender algo sin ninguna validez científica ni médica, con el único fin de ganar dinero. Por muy desesperado que se sienta, no confíe en alguien que dice tener la cura para la misofonía por unos cuantos euros. Repito: a día de hoy, no hay una cura ni tratamiento oficial, con estudios serios, así como medicamentos específicos para tratar la misofonía. Así pues, si alguien le aconseja tomar tal o cual pastilla, por favor, confíe en su médico o psiquiatra y pregúntele antes de tomar ninguna decisión.

No sólo puede perder su dinero, sino lo que es peor, puede que los síntomas o el trastorno empeoren. Dicho esto, cada uno es libre de hacer lo que quiera con su vida y acudir a quien crea necesario, pero no podía escribir este artículo sin mencionar los posibles peligros de los cuatro vende humos que siempre aparecen.

Ahora sí, veamos los tratamientos y terapias que han ayudado a algunas personas con la misofonía.

Terapia cognitivo conductual.

La terapia cognitivo conductual puede ayudar a los pacientes a cambiar la forma de pensar (la parte cognitiva), y modificar la respuesta física o lo que se hace (la parte conductual). De ahí el nombre de terapia cognitivo conductual.

Esta terapia se centra en el aquí y ahora, es decir, se centra en tratar los síntomas justo cuando aparecen en el momento de la exposición. Esta terapia no trata las causas o los síntomas pasados que la desencadenaron. Así pues, la terapia cognitivo conductual busca la manera de mejorar el estado de ánimo ahora, lo que ayuda a que las personas con misofonía se sientan mejor y cambien su comportamiento así como sus pensamientos cuando escuchan un ruido que no soportan.

Este tipo de terapia la aplican los psicólogos clínicos y se requiere de varias sesiones para empezar a notar mejoría. Podéis leer aquí más acerca de la terapia cognitivo conductual.

Terapia de Reentrenamietno de Tinnitus. (TRT)

Este tratamiento construido por el profesor Pawel J. Jastreboff, el mismo que acuñó el término misofonía para este trastorno, se trata de una terapia con el objetivo de habituarse al ruido para que al final, el cerebro ignore dicho ruido.

Esta terapia consta de dos fases o etapas. En la primera se requiere de un terapeuta que nos da unas pautas y directrices para empezar a comprender el ruido y lo que nos ocurre, y en la segunda se aplica una Terapia Sonora.

Durante la primera etapa, la del terapeuta, se empezará a eliminar la significación negativa que tiene el ruido para el paciente, consiguiendo que se convierta en una señal neutra, logrando lo que se denomina como la habituación de la reacción.

La segunda etapa, o la segunda herramienta, la Terapia Sonora, se utilizan ruido blanco o audífonos, y trata de conseguir que el ruido molesto, que ya lo hemos convertido en una señal neutra o con menor significación después de la terapia, se quede a nivel subcortical; de ese modo, el ruido deja de percibirse y por consiguiente, de molestar. Lo que se denomina, habituación de la percepción. Aquí podéis leer más sobre la Terapia de Reentrenamiento de Tinnitus.

A medida que vayan saliendo más tratamientos o terapias se irán publicando en este blog. Permanece atento o suscríbete al feed o entra en el foro misofonía para hablar con otros afectados y mantenerte al día sobre nuevas y posibles opciones.

Misofonía: Científicos pueden haber encontrado la raíz del trastorno

Toser, estornudar, ruidos de las personas al masticar o sencillamente la respiración, son sonidos que pueden, literalmente, volver loco a un misofónico. Puedes saber más sobre este trastorno llamado misofonía aquí.

Por suerte ya hay personas cualificadas investigando este trastorno, como reza el título del artículo, neurocientíficos de la Universidad de Newcastle, en Gran Bretaña, creen haber encontrado una explicación para este trastorno, lo que es, a día de hoy, un gran avance.

El estudio publicado en la revista Current Biology, este grupo de neurólogos afirman que los escáneres cerebrales de los enfermos de misofonía han mostrado que determinados sonidos o disparadores, como comer, beber u otros ruidos que los misofónicos no toleran, hacen que la parte del cerebro que procesa las emociones, la corteza insular anterior, funciona a toda marcha.

Esta región del cerebro de los enfermos que sufren de misofonía, también se conecta de forma diferente con la amígdala y el hipocampo, zonas que están involucradas en el recuerdo de las experiencias pasadas, en comparación con cerebros de personas que no sufren este trastorno.

Según cuenta el Dr. Sukhbinder Kumar, el principal investigador del Instituto de Neurociencia de al Universidad de NewCastle.

“Creemos que la misofonía puede ser fuertemente conectada con los recuerdos del pasado porque las personas con misofonía han tenido muy malas experiencias.”

Según una encuesta realizada a 200 enfermos de misofonía, la edad media a la que por primera vez se dieron cuenta los enfermos de que les ocurría algo anormal, es a los 12 años.

“Cuando escuchan estos sonidos, es como si su atención fuera absorvida completamente por dichos sonidos, sin poder hacer otra cosa.”

Para realizar el estudio, el equipo utilizó una resonancia magnética para medir la actividad cerebral de 42 personas con misofonía, mientras escuchaban una serie de sonidos.

Los sonidos se clasificaron en neutros, como la lluvia; o en sonidos desagradables como un bebé llorando; y sonidos activadores o disparadores de la misofonía, como el ruido de comer, mascar, beber o respirar.

Cuando se les hizo escuchar los ruidos, las personas con misofonía mostraron actividades en el cerebro distintas a las personas que no la sufren este trastorno.

“La reacción más dominante entre los pacientes es la ira y la ansiedad,” dijo el Doctor Kumar.

Pero por qué esos sonidos y no otros desencadenan esas reacciones de ira y aversión sigue siendo un misterio, dijo.

También dijo en un comunicado de prensa que, “Mi esperanza es identificar la firma del cerebro cuando suena un disparador o sonido que activa la misofonía. Esas firmas se pueden utilizar para un tratamiento, como por ejemplo la neuro-retroalimentación, donde la gente puede regular sus reacciones examinando qué tipo de actividad cerebral se está produciendo.”

Aunque queda mucho trabajo por hacer, los resultados del estudio son un alivio para los enfermos de misofonía y también sirven para tranquilizar a los que ponen en duda la validez de dicha condición.

“Este estudio demuestra que los cambios cerebrales críticos, son una prueba más para convencer a una escéptica comunidad médica de que se trata de un trastorno genuino.”

Este artículo ha sido sacado del original que ha publicado The New York Times, el cual podéis leer aquí. Y para leer los resultados completos del estudio podéis verlo aquí.

Como decía al principio, cada vez hay más personas involucradas, científicos investigando y medios importantes haciéndose eco, lo que conlleva a una mayor concienciación y acerca más los posibles tratamientos y terapias para curar la misofonía.

Tenemos un foro en el que podéis comentar vuestros casos con misofonía, así como los éxitos o tratamientos. Ir al foro.

Síntomas y ruidos desencadenantes de la misofonía

La traducción de misofonía es, literalmente, odio al sonido; pero esta definición no es del todo acertada, ya que una persona que sufre este trastorno, no odia el sonido en sí, sino que odia algunos sonidos específicos que, por razones desconocidas, poco a poco se han ido haciendo cada vez más intolerables. No hay categorías específicas tampoco para categorizar los sonidos; cualquier sonido puede ser intolerable para el afectado. Desde el llanto de un bebé hasta el ruido del ascensor, pasando por ruidos que hace la gente cuando come, o los acelerones de una moto, por poner un ejemplo.

misofonia

Cada persona que sufre misofonía tiene su propia colección de ruidos que no puede tolerar. Probablemente puede que comparta algunos de estos sonidos molestos con otra persona que sufre igualmente de misofonía, pero también puede que no.

Cuando el afectado se expone a uno de estos ruidos que él mismo tiene catalogado como un peligro, tiene una respuesta emocional negativa inmediata. La respuesta puede variar de intensidad dependiendo de qué tipo de sonido haya escuchado. Hay sonidos que el afectado siente mucho más que otros. Por ejemplo, puede que para él, el ruido de alguien al comer sea su peor sonido, el que más ansiedad, rabia, miedo y respuesta de huida le provoque, mientras que si escucha a alguien toser, a pesar de que le afecta muy negativamente, la respuesta emocional no sea tan intensa. Cómo se catalogan y se clasifican esos ruidos de más malos a menos malos, nadie lo sabe, pero cada afectado tiene una escala propia que podría desglorar si se lo planteara.

El caso es que cuando la persona afectada escucha uno de sus ruidos catalogados como peligrosos, puede responder de muy varias formas, todas ellas negativas: Ansiedad, sudoración, nerviosismo, pánico, respuesta de huida, incluso y, muy frecuentemente, deseos de agredir a la persona que está produciendo el ruido. Esto no significa ni mucho menos que la persona se agresiva, nada más lejos de la realidad; pero las emociones que experimenta al escuchar el ruido son tan intensas, que le llegan a desbordar, siendo incapaz de controlarse. Así pues, y conociéndose, el afectado por misofonía, lo primero que suele intentar o hacer es escapar o huir del ruido, aunque ello le lleve a aislarse. Son tan intensas y desproporcionadas sus emociones que, literalmente, no puede soportarlas.

Generalmente, las personas cercanas a la persona con misofonía son las que más ruidos peligrosos le provocan: al tener que compartir más tiempo con amigos, familiares o compañeros de trabajo, es normal que el misofónico termine por encontrar un ruido que le moleste en su círculo de personas cercanas más fácilmente que en otras ajenas.

Cuando esto ocurre, y ocurre siempre, las relaciones con sus familiares, amigos o compañeros de trabajo así como el ambiente laboral, familiar y/o social se deterioran, ya que la persona afectada, como decía antes, no puede soportar esos ruidos que provocan ciertas personas y tiende a aislarse.

Y ya no son únicamente los ruidos los que le ponen en modo huida o desesperación, sino la certeza de que esa persona va a hacer cierto ruido cuando esté junto a ella y no va a poder tolerarlo. Es como si supieras que cada vez que sales por la puerta de casa alguien te da con un martillo en el dedo del pie. No te queda más remedio que salir de casa, así pues, mientras estás dentro, también estás angustiado por saber que te van a dar un martillazo.

Pongamos un ejemplo:

Jaime tiene un compañero de trabajo con el que obligatoriamente tiene que pasar 8 horas. Al principio Jaime no le da mucha importancia al ruido que hace con la boca su compañero al comer chicle, pero, poco a poco, ese ruido se va haciendo cada vez más y más insoportable, hasta que se convierte en un desencadenante de la misofonía, o también conocido como disparador.

Entonces, a Jaime, no únicamente le molestará el ruido, sino que cuando esté en su casa, pensando que tiene que trabajar todos los días con su compañero de trabajo escuchando cómo hace ruido con el chicle, siente la misma angustia que si estuviera escuchando el ruido. La ansiedad anticipatoria es otro de los síntomas más comunes de los misofónicos.

Generalmente, los que sufren misofonía son reacias a compartir lo que les ocurre, sencillamente porque pocas personas les entienden. Escasas de ellas llegan a comprender cuánto puede sufrir una persona con misofonía al escuchar un ruido tan común como una tos o un estornudo. Es tan difícil de explicar y hacer entender que pocas veces se suele comunicar, ya que cuando lo hacen, las respuestas más típicas que suelen recibir, si no son burlas, son de este tipo: No hagas caso del ruido, intenta ignorarlo, piensa en otra cosa. Son respuestas lógicas de alguien que no sufre este trastorno, pero, piensa un poco: ¿Crees que el misofónico no ha intentado todo eso antes? ¿Crees que si pudiera obviar o ignorar el ruido no lo habría hecho ya?

También se tiene miedo de que, al abrirse y mencionar su problema, algunas personas de su círculo, aunque sea para bromear, hagan más ruido a posta o lleguen incluso a burlarse de él. Especialmente esto ocurre en adolescentes y en ambientes escolares. Todos sabemos lo “malos” que pueden ser los compañeros de clase y más aún cuando no entienden lo que te ocurre, ¿verdad?

Aunque también está la parte contraria de la situación; personas que entienden y respetan lo que te ocurre e intentan ponértelo más fácil, si saben los ruidos que te molestan. Así las cosas, si después de hoy alguien cercano a ti te dice que no puede tolerar cierto ruido que haces, por favor, pónselo un poco más fácil y haz lo que esté en tu mano para no hacer ese ruido. No te imaginas el alivio que puede sentir: literalmente, puedes salvarle la vida.

Dicho esto, a pesar de que a cada persona le afectan unos ruidos distintos, aquí expongo una lista de algunos ruidos muy comunes considerados como gatillos o disparadores de la misofonía. Por supuesto, no es una lista definitiva ni mucho menos:

ruido al comer misofonia

Ruidos con la boca:

Hacer ruido al masticar, el típico “ahhhh” después de beber, eructos, crujir algún alimento duro como patatas fritas, tragar, masticar chicle o partir un caramelo, morderse las uñas, aclarar la garganta, toser, chasquear la lengua, escupir, lamer, beber…

Ruidos con la nariz o respiración:

Respiración fuerte, ronquidos, sonarse, sorberse o esnifar mocos, estornudar, bostezar, los silvidos de la nariz…

Otros ruidos de personas:

El ruido al cortarse las uñas, los golpecitos en la mesa con los dedos o el famoso tamborileo, el llanto de un bebé, un adulto gritando a sus hijos o cualquier otro ruido con carácter repetitivo.

Ruidos con objetos:

El teclado del ordenador, el teclado de un teléfono móvil, las puertas de un coche cerrándose (portazos), bolsas de plástico o de alimente arrugándose, el ruido de los cubiertos al dar contra el plato o cuando se lavan al dejarlos en el cajón…

Como decía antes, estos son sólo algunos de los muchos ruidos comunes que, al repetirse, generan los síntomas antes mencionados.

Esto no quiere decir que cada vez que escuchan a alguien dar un par de golpes en la mesa con los dedos sufran una ansiedad o miedo inconmensurable, pero si ese alguien lo hace repetitivamente, entonces sí aparecen los síntomas y se desencadena toda una reacción de emociones negativas muy, muy intensas.

Este artículo está especialmente redactado para las personas que NO sufren de misofonía ya que también es difícil para ellas afrontar estas situaciones. No llegan a comprender cómo su amigo, familiar o compañero de trabajo tiene esas reacciones; no saben cómo ayudarlo o cómo proceder cuando el afectado está sufriendo un episodio.

Aunque la culpa nunca, nunca es de la persona que hace el ruido y el tratamiento o terapia se tiene que centrar en hacer que el paciente se desensibilice de esos ruidos sin importar quién los haga, puede que si alguien os pide algún día que no hagáis determinado ruido, por deferencia a esa persona y conociendo ahora un poquito más lo que sufren, tengáis un gesto amable e interrumpáis dicho ruido. Lo que para una persona que no sufre misofonía puede ser simplemente masticar con la boca cerrada, para la persona que sí la sufre, puede ser la diferencia entre la cordura y la locura. Son pequeños gestos que pueden ayudar desmesuradamente a una persona.

silencio misofonia

Si sufres de misofonía y quieres concienciar a tus allegados, puedes compartir este artículo con ellos, para que estén más informados de los síntomas y del sufrimiento que padeces. Estoy seguro que, una vez que empiecen a saber por el infierno que estás pasando, te empezarán a ayudar.

Si quieres contar tu experiencia, proponer algún ejercicio, hablar del tema, compartir una noticia o cualquier otro asunto relacionado con la misofonía, puedes hacerlo en el foro.

¿Antihistamínicos para tratar la misofonía?

Desde el portal Misophonia international, nos llega una información interesante aunque muy escasa, sobre un estudio que están realizando con los antihistamínicos para tratar la misofonía.

Además de regular funciones en el estómago la histamina también actúa como un neurotransmisor del sistema nervioso central. Según nos cuentan desde Misophonia International, han descubierto (no dicen cómo ni cuándo ni dan ninguna prueba), que la histamina tiene un papel importante en la sensibilidad sensorial.

En estudios preclínicos, han demostrado que un tratamiento con antihistamínico puede ayudar a revertir el deterioro sensorial retroactivo. En otro estudio clínico realizado con personas que tienen dificultad para modular su sensibilidad, el antihistamínico mejoró la detección sensorial. Nos cuentan.

El artículo sigue diciendo que se debe investigar mucho más a fondo para ver si este enfoque podría proporcionar una terapia útil para personas con excesiva sensibilidad, como ocurre con las personas que sufren misofonía, para determinar si es viable un tratamiento con antihistamínicos para aliviar la misofonía y que la terapia para superar el procesamiento sensorial inadaptado pueda tener un éxito duradero.

No dan ningún dato más ni enlazan hacia los estudios de los que hablan, pero sí enlazan hacia una página de donación para costear dichos estudios.

Para todo aquel que quiera leer el artículo original lo puede hacer en este enlace.