Síntomas y ruidos desencadenantes de la misofonía

La traducción de misofonía es, literalmente, odio al sonido; pero esta definición no es del todo acertada, ya que una persona que sufre este trastorno, no odia el sonido en sí, sino que odia algunos sonidos específicos que, por razones desconocidas, poco a poco se han ido haciendo cada vez más intolerables. No hay categorías específicas tampoco para categorizar los sonidos; cualquier sonido puede ser intolerable para el afectado. Desde el llanto de un bebé hasta el ruido del ascensor, pasando por ruidos que hace la gente cuando come, o los acelerones de una moto, por poner un ejemplo.

misofonia

Cada persona que sufre misofonía tiene su propia colección de ruidos que no puede tolerar. Probablemente puede que comparta algunos de estos sonidos molestos con otra persona que sufre igualmente de misofonía, pero también puede que no.

Cuando el afectado se expone a uno de estos ruidos que él mismo tiene catalogado como un peligro, tiene una respuesta emocional negativa inmediata. La respuesta puede variar de intensidad dependiendo de qué tipo de sonido haya escuchado. Hay sonidos que el afectado siente mucho más que otros. Por ejemplo, puede que para él, el ruido de alguien al comer sea su peor sonido, el que más ansiedad, rabia, miedo y respuesta de huida le provoque, mientras que si escucha a alguien toser, a pesar de que le afecta muy negativamente, la respuesta emocional no sea tan intensa. Cómo se catalogan y se clasifican esos ruidos de más malos a menos malos, nadie lo sabe, pero cada afectado tiene una escala propia que podría desglorar si se lo planteara.

El caso es que cuando la persona afectada escucha uno de sus ruidos catalogados como peligrosos, puede responder de muy varias formas, todas ellas negativas: Ansiedad, sudoración, nerviosismo, pánico, respuesta de huida, incluso y, muy frecuentemente, deseos de agredir a la persona que está produciendo el ruido. Esto no significa ni mucho menos que la persona se agresiva, nada más lejos de la realidad; pero las emociones que experimenta al escuchar el ruido son tan intensas, que le llegan a desbordar, siendo incapaz de controlarse. Así pues, y conociéndose, el afectado por misofonía, lo primero que suele intentar o hacer es escapar o huir del ruido, aunque ello le lleve a aislarse. Son tan intensas y desproporcionadas sus emociones que, literalmente, no puede soportarlas.

Generalmente, las personas cercanas a la persona con misofonía son las que más ruidos peligrosos le provocan: al tener que compartir más tiempo con amigos, familiares o compañeros de trabajo, es normal que el misofónico termine por encontrar un ruido que le moleste en su círculo de personas cercanas más fácilmente que en otras ajenas.

Cuando esto ocurre, y ocurre siempre, las relaciones con sus familiares, amigos o compañeros de trabajo así como el ambiente laboral, familiar y/o social se deterioran, ya que la persona afectada, como decía antes, no puede soportar esos ruidos que provocan ciertas personas y tiende a aislarse.

Y ya no son únicamente los ruidos los que le ponen en modo huida o desesperación, sino la certeza de que esa persona va a hacer cierto ruido cuando esté junto a ella y no va a poder tolerarlo. Es como si supieras que cada vez que sales por la puerta de casa alguien te da con un martillo en el dedo del pie. No te queda más remedio que salir de casa, así pues, mientras estás dentro, también estás angustiado por saber que te van a dar un martillazo.

Pongamos un ejemplo:

Jaime tiene un compañero de trabajo con el que obligatoriamente tiene que pasar 8 horas. Al principio Jaime no le da mucha importancia al ruido que hace con la boca su compañero al comer chicle, pero, poco a poco, ese ruido se va haciendo cada vez más y más insoportable, hasta que se convierte en un desencadenante de la misofonía, o también conocido como disparador.

Entonces, a Jaime, no únicamente le molestará el ruido, sino que cuando esté en su casa, pensando que tiene que trabajar todos los días con su compañero de trabajo escuchando cómo hace ruido con el chicle, siente la misma angustia que si estuviera escuchando el ruido. La ansiedad anticipatoria es otro de los síntomas más comunes de los misofónicos.

Generalmente, los que sufren misofonía son reacias a compartir lo que les ocurre, sencillamente porque pocas personas les entienden. Escasas de ellas llegan a comprender cuánto puede sufrir una persona con misofonía al escuchar un ruido tan común como una tos o un estornudo. Es tan difícil de explicar y hacer entender que pocas veces se suele comunicar, ya que cuando lo hacen, las respuestas más típicas que suelen recibir, si no son burlas, son de este tipo: No hagas caso del ruido, intenta ignorarlo, piensa en otra cosa. Son respuestas lógicas de alguien que no sufre este trastorno, pero, piensa un poco: ¿Crees que el misofónico no ha intentado todo eso antes? ¿Crees que si pudiera obviar o ignorar el ruido no lo habría hecho ya?

También se tiene miedo de que, al abrirse y mencionar su problema, algunas personas de su círculo, aunque sea para bromear, hagan más ruido a posta o lleguen incluso a burlarse de él. Especialmente esto ocurre en adolescentes y en ambientes escolares. Todos sabemos lo “malos” que pueden ser los compañeros de clase y más aún cuando no entienden lo que te ocurre, ¿verdad?

Aunque también está la parte contraria de la situación; personas que entienden y respetan lo que te ocurre e intentan ponértelo más fácil, si saben los ruidos que te molestan. Así las cosas, si después de hoy alguien cercano a ti te dice que no puede tolerar cierto ruido que haces, por favor, pónselo un poco más fácil y haz lo que esté en tu mano para no hacer ese ruido. No te imaginas el alivio que puede sentir: literalmente, puedes salvarle la vida.

Dicho esto, a pesar de que a cada persona le afectan unos ruidos distintos, aquí expongo una lista de algunos ruidos muy comunes considerados como gatillos o disparadores de la misofonía. Por supuesto, no es una lista definitiva ni mucho menos:

ruido al comer misofonia

Ruidos con la boca:

Hacer ruido al masticar, el típico “ahhhh” después de beber, eructos, crujir algún alimento duro como patatas fritas, tragar, masticar chicle o partir un caramelo, morderse las uñas, aclarar la garganta, toser, chasquear la lengua, escupir, lamer, beber…

Ruidos con la nariz o respiración:

Respiración fuerte, ronquidos, sonarse, sorberse o esnifar mocos, estornudar, bostezar, los silvidos de la nariz…

Otros ruidos de personas:

El ruido al cortarse las uñas, los golpecitos en la mesa con los dedos o el famoso tamborileo, el llanto de un bebé, un adulto gritando a sus hijos o cualquier otro ruido con carácter repetitivo.

Ruidos con objetos:

El teclado del ordenador, el teclado de un teléfono móvil, las puertas de un coche cerrándose (portazos), bolsas de plástico o de alimente arrugándose, el ruido de los cubiertos al dar contra el plato o cuando se lavan al dejarlos en el cajón…

Como decía antes, estos son sólo algunos de los muchos ruidos comunes que, al repetirse, generan los síntomas antes mencionados.

Esto no quiere decir que cada vez que escuchan a alguien dar un par de golpes en la mesa con los dedos sufran una ansiedad o miedo inconmensurable, pero si ese alguien lo hace repetitivamente, entonces sí aparecen los síntomas y se desencadena toda una reacción de emociones negativas muy, muy intensas.

Este artículo está especialmente redactado para las personas que NO sufren de misofonía ya que también es difícil para ellas afrontar estas situaciones. No llegan a comprender cómo su amigo, familiar o compañero de trabajo tiene esas reacciones; no saben cómo ayudarlo o cómo proceder cuando el afectado está sufriendo un episodio.

Aunque la culpa nunca, nunca es de la persona que hace el ruido y el tratamiento o terapia se tiene que centrar en hacer que el paciente se desensibilice de esos ruidos sin importar quién los haga, puede que si alguien os pide algún día que no hagáis determinado ruido, por deferencia a esa persona y conociendo ahora un poquito más lo que sufren, tengáis un gesto amable e interrumpáis dicho ruido. Lo que para una persona que no sufre misofonía puede ser simplemente masticar con la boca cerrada, para la persona que sí la sufre, puede ser la diferencia entre la cordura y la locura. Son pequeños gestos que pueden ayudar desmesuradamente a una persona.

silencio misofonia

Si sufres de misofonía y quieres concienciar a tus allegados, puedes compartir este artículo con ellos, para que estén más informados de los síntomas y del sufrimiento que padeces. Estoy seguro que, una vez que empiecen a saber por el infierno que estás pasando, te empezarán a ayudar.

Si quieres contar tu experiencia, proponer algún ejercicio, hablar del tema, compartir una noticia o cualquier otro asunto relacionado con la misofonía, puedes hacerlo en el foro.

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