Cómo controlar / afrontar la misofonia

La pregunta que más recibo al correo o en el foro misofonia es la de cómo controlar la misofonía. Y es que la persona que sufre misofonia no lo tiene durante un rato, o días sí días no, es un mal constante que llega a condicionarte la vida, por ello es normal que la pregunta o la inquietud a corto plazo sea la de cómo controlar la misofonia. Así pues he recogido estos consejos, que nunca deben sustituir la última palabra de un médico, en caso de que hayamos ido a buscar ayuda profesional. La mayoría son consejos de evitación, pero pueden sacarnos de algún apuro cuando no podemos más o hacer que nuestro día a día sea algo más suave y menos tortuoso.

Mete en tus bolsillos un par de tapones.

Yo los llevo desde hace muchos años. No es que me los ponga todos los días, pero si hay alguna situación que no puedo evitar y tengo que afrontarla con alguien que está haciendo algún ruido que no puedo soportar, sencillamente me pongo mis tapones en las orejas y se acabó el problema.

Los que me conocen o vienen conmigo como mi novia o mis amigos, saben qué me ocurre y no le dan mayor importancia, el resto de personas quizá alguna me mira raro, pero no me importa, lo primero es mi bienestar.

Al principio compraba en la farmacia tapones de 3M unos naranjas que me costaban 3,50€ el par. Ahora compro unos de Moldex, el modelo pura fit, que es muy, muy suave y casi no me deja escuchar nada. Para mí son perfectos, y más desde que en Amazon encontré 50 pares por 14€.

Tapones para misofonia

En el cajón de mi mesilla de noche tengo la cajita con los 50 pares hace más de dos años ya y siempre me acompañan cuando salgo a la calle. Nunca se sabe cuándo los voy a necesitar.

Si en lugar de tapones para los oídos, prefieres auriculares con música también es una buena alternativa. El caso es llevar algo que te pueda aislar inmediatamente cuando no puedes soportarlo más.

Sube la televisión o la música en las comidas.

Si cada día cuando llega la hora de la comida se te hace un nudo en el estómago por tener que escuchar a tus familiares comer, sube un poco más la televisión o la música, o cualquier ruido de fondo que te aísle un poco más y te permita comer tranquilo. Quizá no aísle por completo el ruido pero sí que distraerá al cerebro.

Este consejo es un recurso un tanto extremo, lo primero de todo es hablar y comunicarte con tu familia y explicarles lo que te pasa para que, dentro de lo que cabe, dentro de una medida razonable, dejen de hacer ruido o lo minimicen. Puedes mandarles a esta página para que descubran de qué se trata tu misofonia y cómo pueden ayudarte.

Controla tu estrés.

No es necesario que te diga que cuanto más estrés tengas más te van a afectar los ruidos, ¿verdad? Eso es algo que ya sabes tú. Por ello intenta, haz todo lo posible por rebajar tu estrés.

Hay mil técnicas para ello. Puedes hacer una o todas, hasta que estés relajado en el día a día. Generalmente se trata de cambiar o añadir hábitos.

Tal y como nos comentaba Santiago, un usuario del foro que se había curado de misofonia, algo que le ayudó realmente fue rebajar los niveles de estrés mediante el deporte, la buena alimentación y la práctica diaria de ejercicios de respiración y relajación, así como el dormir bien todas las noches, creando un hábito de sueño saludable.

Ten escusas siempre preparadas.

Cuando nos encontramos en un ataque de misofonia a punto de explotar necesitamos escapar, todos reaccionamos así. Podemos escapar como un energúmeno o de forma cordial y tranquila sin aparentar estar afectados.

Cuando estamos con la familia o amigos hay confianza suficiente para permitirnos un cabreo monumental o quizá un ataque de ira por la misofonia. Pero quizá delante del jefe, en una reunión o en otras situaciones parecidas no podamos comportarnos así.

Ten preparadas algunas escusas razonables siempre, tipo:

Necesito ir al baño 

Voy un momento a beber agua o a comprar una bebida o café ¿Queréis alguno algo? 

Voy a tomar el aire un momento 

Voy a fumarme un cigarro a la calle, ahora vuelvo. 

Etc. 

Etc.

Habla con tus compañeros de trabajo, estudio, etc

SI bien al principio puede resultar un tanto increíble lo que les cuentes, en el momento que lo entiendan, evitarán hacer determinados ruidos que a ti te molesten. O, cuando los hagan y tu les digas, ¿Por favor, podrías dejar de morderte las uñas? Estoy seguro que tu compañero se acordará de ti y te dirá: Lo siento, no me acordaba.

Creo que esta situación idílica es mucho mejor que no decir nada a tus compañeros y estar todo el día soportando ruidos que fácilmente se podrían evitar.

Dicho esto, hay que recordar que el problema no lo tienen ellos, ni la culpa, es nuestro problema. No podemos pedir a todo el mundo que se calle o que deje de hacer un ruido simplemente porque no podemos tolerarlo. Pero, en determinadas situaciones, si ya te conocen y saben que sufres misofonia, la gente tiende a ser buenas personas y dentro de lo que cabe te lo van a poner muy fácil.

¿Te imaginas llegar al trabajo y que el compañero que no puedes ni ver por un ruido molesto que hace, ese día, después de hablar con él, dejara de hacer el ruido? ¡Sería maravilloso!

Espero de corazón que estos consejos, de evitación mayormente, te ayuden más en tu día a día con la misofonia. Recuerda que estoy aquí para que me preguntes lo que necesites, puedes contarme tu historia aquí o en el foro misofonia. No estás solo. Además, este problema ya está investigando y tarde o temprano sacarán alguna terapia efectiva. De hecho, como decía antes, Santiago afirma haberse curado de misofonia hiendo a terapia con un psicólogo clínico y haciendo terapia cognitivo conductual. Puedes leer el mensaje original que él dejó en el foro aquí, o leer algunas terapias y tratamientos para tratar la misofonia.

¿Cómo ayudar a alguien cercano con misofonía?

Puede resultar muy frustrante tener a un ser querido: un hijo, amigo, padre, madre o pareja que sufre de misofonía y no saber qué hacer. Entiendo por lo que pueden estar pasando, ya que mis padres, mi hermano y mi pareja llevan muchos años pasando por esta situación conmigo. Por suerte, con los años todos hemos aprendido métodos de afrontamiento para que las relaciones no se deterioren. No es fácil, pero a día de hoy, con 35 años de vida de los cuales 23 llevo sufriendo misofonía, tanto mis seres queridos como yo podemos hacer una vida totalmente normal. Con unos pequeños matices, pero totalmente normal.

Hay algunos consejos que me gustaría compartir contigo para poder afrontar las situaciones difíciles que resultan de vivir con una persona con misofonía; ya que, a pesar de ser yo el que tiene el trastorno, me puedo poner perfectamente en la situación de los que viven conmigo.

Después de esta pequeña premisa, el primer consejo sobre el que me gustaría hablaros y que, tanto a mí como a mis allegados, nos ha cambiado la vida para bien, es el siguiente:

Mucha comprensión y que fluya la información entre el afectado y la familia o seres queridos.

Tienes que entender, como sea, que él no tiene la culpa. Cuando tu hijo, marido, pareja o cualquier allegado que esté en tu vida y tenga misofonía te grite por hacer un ruido, se cabree contigo, se marche furioso, se ponga ansioso o te eche miradas que parece que van a escupir fuego, tienes que entender que no él no tiene la culpa ni quiere hacerlo.

Según se sabe de la misofonía, una parte del cerebro de los que sufrimos este trastorno, más concretamente la amígdala, nos hace interpretar un ruido que es totalmente normal, como algo muy peligroso.

Para el que no sufre de misofonía, un estornudo o un ruido al comer pasa desapercibido, la persona con misofonía reacciona a ese sonido de forma agresiva, con rabia, ira, miedo y ansiedad extrema. ¡Pero no lo hace él! Lo hace su amígdala. Al escuchar el ruido o sonido desencadenante, le dice al cerebro: ¡Huye, corre, pelea, escapa! Porque lo interpreta como una señal de peligro. Y creedme: no se pude controlar. Es como pedir a un ciego que vea. Así de sencillo. No podemos controlar esa reacción.

Al menos de momento, hasta que descubran una terapia, tratamiento, medicamento o cura para la misofonía, que nos haga controlar esas reacciones, no podemos controlarlo nosotros mismos. Es como decirle a un amputado de piernas: ¡Camina! No puede y no es culpa suya. Nunca te cabrearías con una persona amputada de piernas porque no te haga caso cuando le dices que camine, ¿verdad? Entonces no te cabrees con un misofónico cuando no pueda controlar sus reacciones; entiende que no es culpa suya.

Por ello destaco que tiene que haber comprensión por una parte, para comprender que el afectado no tiene la culpa, que es una parte de él que le hace ser así, sin que pueda hacer nada o muy poco, y por otro lado, tiene que haber buena comunicación, para que el afectado nos exponga cómo se encuentra, qué podemos hacer para ayudarlo, qué ruidos son los más desencadenantes, y cualquier información que quiera darnos. La información que nos dé y la comprensión por nuestra parte, hará la conviviencia mucho más sencilla. Para todos.

La comunicación con nuestro ser querido que sufre de misofonía es vital para una buena convivencia. Él, como decía antes, nos hará saber cómo podemos ayudarle. Y solo lo puede hacer él. Por mucho que pensemos que esto o lo otro puede ayudarle, solo él sabe lo que le beneficia.

No sirve de nada decirle cosas como: “Tranquilo ya pasará” o “Relájate” o “Tienes que acostumbrarte a ese ruido”, cuando escuche un sonido que le provoque un episodio. Sencillamente no funciona. Él sabe lo que funciona. Puede ser que necesite taparse los oídos, ponerse tapones, auriculares o simplemente irse. Pero si no hay comunicación ni comprensión, no sabremos cómo poder ayudarlo.

Con el paso de los años, todos los que sufrimos de misofonía creamos métodos de afrontamiento para poder sobrellevar esos ruidos y momentos difíciles cuando nos enfrentamos a un ruido. Y eso es vital que se lo podamos comunicar a la familia y amigos. Si no hay comunicación y no nos hacemos entender o, no quieren entendernos, el trastorno puede empeorar.

Para ponerte un ejemplo:

Cuando era pequeño y empecé a sufrir de misofonía, no soportaba comer con mi padre en la mesa. Se me hacía imposible cada noche. Yo se lo decía a mis padres, pero ellos simplemente me decían cosas como que no hiciera caso del ruido o que pensara en otra cosa. No funcionó en absoluto, sino todo lo contrario. Al obligarme a comer con ellos todas las noches a pesar de que no soportaba el ruido, me hicieron sensibilizarme mucho más con los ruidos que hacía mi padre al comer. Con el paso de los años, esa sensibilización me ha hecho que me molesten todos los ruidos que hace cualquier persona al comer, sea mi padre o no, esté en mi casa o en un restaurante. No importa dónde, cuándo y con quién: me afectan siempre.

Cuando por fin se me diagnosticó misofonía, a mis padres les invadió una terrible culpa. Les entiendo y de verdad que no les culpo. Sencillamente sus actos eran fruto de la ignorancia y de una pobre comunicación y nada de comprensión por su parte. Son mis padres y les amo por encima de todo, siempre han sido buenos y cariñosos, pero al no entender lo que me pasaba y obligarme a soportar esos ruidos con frases como “no pasa nada” “no hagas caso del ruido” o “piensa en otra cosa”, inconscientemente, me sensibilizaron extremadamente con esos ruidos.

Con el paso los años sigo sin soportar esos ruidos, pero ahora, gracias a la compresión de mis padres, sencillamente me siento en la mesa con ellos con tapones y, si la situación me supera por cualquier motivo, entienden perfectamente que me levante de la mesa y me vaya; literalmente porque no puedo soportarlo. Por supuesto, ellos dejaron inmediatamente de hacer todo el ruido que podían evitar y así, puedo comer con mis padres “tan tranquilamente”.

Lo que quiero decir con esto, es que el ruido o la molestia que sentimos los misofónicos con el ruido, no se va a ir. Nunca se va; ni con el paso de los años. Probablemente empeore. Pero con una buena comunicación y comprensión, podemos crear situaciones normales en las que la convivencia no se ve afectada.

Resumiendo:

Entiende que no es culpa suya. Él es el que sufre a cada instante y desea mucho más que tú que deje de molestarle los ruidos.

La reacción al ruido nunca se va, ni con el paso de los años; pero hablando y con comprensión se pueden crear situaciones normales.

El segundo consejo más importante que puedo darte si tienes que convivir con alguien que sufre misofonía es el siguiente:

No te obsesiones por su seguridad.

No debes andar de puntillas o ahogarte a la hora de la comida por no hacer ningún ruido. Llevar la consideración por ese ser querido con misofonía al extremo es dejar que la misofonía que él sufre termine dominando tu vida.

Probablemente la misofonía ya domine o condicione su vida, no hay que dejar que también domine la tuya.

Por supuesto intenta ser considerado y comprensivo, pero no te obsesiones con lo que puedes hacer.

Hay que ayudar a que el afectado por los ruidos encuentre sus propios mecanismos de afrontamiento por él mismo. Si se lleva al extremo el cuidado, se vivirá en la convivencia una máxima tensión y situaciones de estrés y tu allegado con misofonía nunca encontrará métodos de afrontamiento para sobrellevar situaciones difíciles.

Actúa con naturalidad y lleva una vida normal intentando, dentro de lo posible, dentro de un marco razonable, ayudar a su allegado, pero sin obsesionarse. Únicamente haciendo pequeños cambios probablemente mejorarás su vida de una forma que no te imaginas.

Intenta cerrar la boca al comer o minimiza el ruido.

No hables con la boca llena.

Tápate la boca cuando vayas a toser.

Si tienes mocos, suénatelos y no andes todo el día con el típico snif snif.

En fin, son pequeñas cosas, que en realidad si vivimos en convivencia todos deberíamos hacer, que pueden ayudar de una forma inconmensurable a tu allegado que sufre misofonía.

Aún así, seguirán ocurriendo episodios desagradables, cuando ocurran, simplemente mantén la calma.

¿Qué ocurre durante un episodio? 

La misofonía provoca en el afectado un estrés tan extremo que éste no puede controlar sus reacciones. Se dispara el flujo de adrenalina. Se activa el sistema de huida y defensa. ¿Qué podemos hacer entonces? Sencillamente, como decía antes: mantener la calma y ayudarle a calmarse.

Los episodios que sufrimos los misofónicos, por lo general son muy, muy intensos, pero en el momento que dejamos de escuchar el ruido, sencillamente se acaban. Es decir, el episodio puede durar segundos. Es cierto que durante esos segundos sufrimos mucho y desencadenamos tanta energía y estrés que podríamos derretir una cuchara si la tuviéramos en la mano, pero en cuanto el ruido cesa, el episodio se acaba.

Aunque luego queda una terrible sensación que nos acompaña durante varias horas o días, ya no estamos furiosos o con ira en la mirada, simplemente estamos asustados porque nos damos cuenta de lo enfermos que estamos y lo que nos queda por sufrir.

En los momentos posteriores del ataque, lo que necesitamos es que nos traten como personas normales y no le den importancia a lo que acaba de ocurrir. Y debería ser así, pues nunca pasa nada más que una terrible rabieta llena de ira y de miedo contra nosotros mismos. Quizá podamos lanzar alguna mirada de odio o incluso llamar la atención de la persona que está provocando el ruido, pero no suele ir la cosa más allá.

Teniendo esto en cuenta, es mejor calmarse, pensar en el primer consejo: que él no quiere hacer eso, y sencillamente apoyarle. Si el afectado dice “por favor, vayámonos de aquí que voy a volverme loco”, simple y llanamente, vete con él o permítele irse sin recriminarle nada. Entiende que no puede soportar ese ruido y ayúdale a que se relaje. No hay que darle más importancia.

Básicamente esto es lo que puedo decir después de muchos años viviendo con misofonía y rodeado de gente que me entiende y me quiere.

Para mí, lo más importante, y creo que debe ser así para todos los que sufrimos esto, es que nuestros seres queridos entiendan que, si por ejemplo, nos ponemos los tapones en los oídos en una comida, lo comprendan y no le den importancia. Permitan a sus allegados que encuentren un mecanismo de afrontamiento y si su hijo, marido, pareja que sufre de misofonía le pide que si puede ponerse los auriculares o unos tapones para comer, se lo permita y no le dé más importancia; ya que si su allegado pudiera, no utilizaría esos auriculares, pero como ya he dicho en varias ocasiones, sencillamente NO PUEDE EVITARLO.

Probablemente algún miembro de tu familia o círculo de amigos incluso tú mismo lleves gafas. Y cuando les ves ponérselas para leer o para ver la tele no le das más importancia. Entiendes que sin gafas no ve y las necesita. Nosotros igual, necesitamos ciertos remedios, como tapones o auriculares, en determinadas ocasiones.

Espero de todo corazón que estos consejos puedan ayudarte tanto si sufres misofonía como si la sufre un ser querido al que conoces. Básicamente con comprensión y paciencia, se puede llevar una vida muy buena, rodeado de las personas con las que quieres estar. Y lo digo por propia experiencia.

¿Tienes alguna duda, sugerencia o quieres contar tu historia con la misofonía? Puedes hacerlo en el foro misofonía.

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