Cura para la misofonia. Mi éxito total.

El otro día en el foro misofonia, un usuario llamado Santiago, abrió un hilo comentando su experiencia con este trastorno, y afirmaba que se había curado de misofonia totalmente. Inmediatamente me puse en contacto con él para pedirle permiso y que me dejara publicar su comentario en el blog, ya que la información que proporcionó, muy interesante, positiva y esperanzadora, es digna, a mi modo de ver, de que la conozcan cuantas más personas mejor. Una vez obtuve su permiso, copié sus palabras y escribí este artículo que estás a punto de leer. Si quieres ver el comentario original del foro, puedes hacerlo aquí. Dicho esto, aquí tenéis el artículo de Santiago, titulado Cura para la misofonia. Mi éxito total.

Después de acudir a varios psicólogos, 4 en total, por fin di con el que me entendía y creía saber cómo tratarme. Después de 5 meses de terapia, puedo decir, que estoy curado de misofonía.

La terapia que he hecho con el último psicólogo es la terapia cognitivo conductual que ha consistido en:

Técnicas de relajación y respiración.

Aprender técnicas de relajación como la relajación muscular progresiva de Jacobson y la relajación mediante la respiración diafragmal.

Estas técnicas de relajación son muy efectivas una vez que se han entrenado con ellas lo suficiente. Una vez que las dominas, con el paso del tiempo, en mi caso, 3 meses, te consigues relajar inmediatamente en cuestión de segundos. La efectividad de estas técnicas de relajación, como digo, se debe a la práctica diaria. En lugar de esperar que saliera una terapia por internet o quejarme todos los días, como hace la mayoría de las personas, me enfoqué en aprender estas dos técnicas.

Ejercicio físico mínimo 4 veces por semana.

Debido a que mi misofonía era mucho peor cuando estaba estresado o con ansiedad, después de hacer prácticamente todos los días ejercicio físico durante una hora: correr, H.I.I.T, tabata, etc., me siento infinitamente mejor. Más animado, sin estrés, sin ansiedad, duermo mejor, etc. Esto se ha traducido en que los ruidos o sonidos que no toleraba, al escucharlos ahora, me afectan mucho menos, simplemente porque me siento mucho mejor anímicamente y sin ansiedad ni estrés.

Además, al haber adelgazado, me ha subido la autoestima, y eso, aunque no afecta directamente a la misofonía, sí que me ha ayudado a sentirme mucho mejor y a no estar todo el día pensando en los ruidos y sonidos.

Alimentación.

Empecé a comer bien, todo ello controlado por la psicóloga, llevando un diario de todas mis comidas a lo largo del día y pesándome en la consulta cada semana. ¿Para qué? Pues porque si hago deporte casi todos los días y abandono la comida basura sustituyéndola por frutas y verduras, lo normal es que baje de peso, o al menos, no suba. Esto lo hacía la psicóloga para controlarme ya que ella es bastante estricta y eso me ayudo mucho. Una persona que estuviera encima de mí para que hiciera todo lo que me mandaba.

Al empezar a comer fruta, pescado y verduras y dejar a un lado todas las guarrerías que comía, junto con el deporte, empecé a sentirme mucho mejor. Tenía más ánimo e ilusión por todo. Duermo mejor, las relaciones con mi novia en la cama son más abundantes y de mejor calidad, en definitiva, me encuentro mucho mejor. Esto se traduce respecto a la misofonia en que los ruidos cada vez me afectan menos y, sobre todo, me importan mucho menos.

Esta sensación de bienestar general cambiando mis hábitos de alimentación y deporte, unido a que cuando me pongo nervioso, con ira o rabia cuando escucho un sonido, puedo relajarme inmediatamente con las técnicas de relajación y respiración aprendidas, han disminuido los síntomas muchísimo. Aunque sinceramente, ya no me afectan los ruidos.

Reestructuración de pensamientos.

Aunque todo lo demás me ha ayudado muchísimo, la reestructuración de pensamientos ha sido la clave para superar la misofonía. Ya que al ir a terapia y hablar de mi problema, encontramos que la misofonía constaba de dos favores fundamentales. Por un lado estaban los ruidos en sí, y por otro lado, el más importante, estaba el cómo interpretaba mi cerebro el que una persona hiciera ruido.

Mi cerebro lo interpretaba como una falta de respeto por parte de la persona que hiciera el ruido, como si fuera un ruido innecesario que se podía evitar, casi como una ofensa, como algo personal. Entonces, cada vez que escuchaba a alguien por ejemplo, comer y hacer ruido, inmediatamente me venían a la cabeza, además de los sentimientos típicos de ira, rabia y querer huir de ahí, pensamientos tipo: ¿Cómo puede ser tan asqueroso? ¿No se da cuenta de que está molestando? ¿Es que no tiene educación¿ Etcétera.

Según me explicó mi psicóloga, estos pensamientos son automáticos y negativos y, para superar la misofonía, había que eliminarlos. ¿Cómo? Muy sencillo, reestructurándolos. Algo muy sencillo en lo que al principio no tenía ninguna fe por su sencillez; pero que, al cabo de una semana me quedé impresionado del resultado.

Cada vez que me venía un pensamiento de ese tipo, inmediatamente le tenía que sustituir por un pensamiento realista y positivo. Por ejemplo:

Pensamiento automático: Qué asco de persona, siempre molestando a los demás.

Lo sustituyo por:

Pensamiento realista: Ha personas que no han recibido mucha educación o puede que en su casa se comiera así y creció con ese hábito.

Parece una tontería, pero poco a poco ese pensamiento realista y positivo fue sustituyendo al negativo y cuando ahora escucho a alguien toser, comer o hacer cualquier otro ruido que antes me hacía ponerme muy furioso, en lugar de enfrascarme en pensamientos negativos que me volvían loco, sencillamente ahora mi cerebro lo acepta y no le da más importancia ¡Increíble!

Terapia de exposición.

Como decía antes, mi misofonía constaba de dos factores o dos partes. Una, los pensamientos que ya he restructurado y otra, los propios ruidos que me molestan. Para eliminar estos ruidos empecé a hacer terapia de exposición sistemática. De menos a más hasta que los ruidos no me molestaban en absoluto. Y, como había eliminada la interpretación negativa y falsa de los pensamientos, ya no sentía ira ni rabia ni nada.

Esta es la terapia que he hecho y me ha funcionado al 100%. Al principio era escéptico por toda la basura que había leído por internet sobre que la misofonía no tenía cura. ¡En qué maldita hora leería todos esos artículos!

Mi consejo, después de pasar una vida muy difícil por la misofonía, es que os dejéis de tanto buscar por internet y vayáis a un buen psicólogo clínico. Quizá no os curéis al 100%, pero si mejoráis un 60%, ¿no os parece suficiente? Además de que si no se le pone solución y se van cortando los ruidos, cada vez va a peor.

No penséis que es llegar y estar curados. Hay que trabajar mucho, todos los días y dejar de procrastinar. Dejar de ser vagos y esforzarse todos los días. Pero funciona.

Podéis leer la historia original aquí.